Esta mañana, no importa cómo votemos o qué bandera defendamos, deberíamos estar de rodillas. Nuestros hijos e hijas están en peligro. Hoy no es un día para discutir o buscar ventaja política. Es un día para orar — por la protección del cielo sobre nuestras tropas, por valor en el campo, por claridad en la niebla de la guerra. Y por sabiduría — una sabiduría profunda y constante — para nuestros líderes y para nuestro Presidente mientras llevan cargas que pocos de nosotros podemos comprender plenamente. Cuando una nación toma acciones audaces, el costo nunca es abstracto. Lo soportan las familias, los miembros del servicio, las generaciones que aún están por venir. Así que oramos para que cada decisión esté guiada no por orgullo o ira, sino por discernimiento, moderación y un sincero deseo de paz. Que aquellos encargados de la planificación y el mando sean guiados por la conciencia y por un espíritu mayor que ellos mismos. Y que el pueblo de Irán — el pueblo persa con su herencia antigua y noble — un día sea libre para levantarse, reconstruir y trazar su propio camino hacia la libertad y la dignidad humana. Dios proteja a nuestras tropas. Dios guíe a nuestros líderes. Y que la paz, arraigada en la justicia, sea el resultado final.