La vida de una persona es como caminar en un vasto y silencioso continente. Algunos avanzan hacia los castillos del poder y la gloria, vestidos con armaduras, pisando el polvo; otros solo desean encender fuego y preparar té en un rincón alejado del bullicio, observando el amanecer y el atardecer. Cada uno elige su propio camino, cada paso parece grabar una marca en el mapa del destino. Aparentemente, el mundo está lleno de gente, con luces brillantes, como si nadie estuviera realmente solo. Pero cuando cae la noche y el viento sopla desde las montañas lejanas, uno finalmente comprende— que muchos caminos solo se pueden recorrer solo. Cada persona tiene en su corazón una llama, y también una vasta llanura helada. El fuego impulsa a la gente a perseguir, a desear, a ir hacia lo lejos; la llanura helada lleva a la gente a la reflexión, a ver claramente quiénes son en la quietud. Las personas se encuentran, caminan juntas un trecho, pero en la larga noche del destino, la mayoría de las veces, uno es un viajero que avanza solo. Así, algunos eligen arder, otros eligen vigilar; algunos levantan antorchas en la tormenta de nieve, otros observan en silencio las estrellas. Y todo esto no es más que una respuesta a la misma pregunta— cuando la larga noche pase, cuando el tiempo regrese al polvo, ¿cómo eliges vivir esta vida?