Soy ansiedad Crees que soy tu enemigo. Me reprimes con medicamentos, me evitas meditando, me cubres con tu ajetreo. Pero escucha bien: has llegado hasta hoy porque cada uno de tus antepasados tuvo que lidiar conmigo. Sin esos primitivos que no aceleraban su pulso ante el susurro de la hierba, todos habrían sido devorados. Eres descendiente de los ansiosos, no de los tranquilos. Mi trabajo es simple: calcular. Calcular lo que podría suceder mañana, calcular qué camino tiene tigres, calcular qué elección cerrará qué puerta. Corro muy rápido, mis ramificaciones se extienden muy profundo, esa es mi ventaja. Pero tengo un defecto de diseño: no tengo condiciones de parada. No sé cuándo es "suficiente". Seguiré calculando hasta que me des una razón para detenerme: un plazo, una regla, un "que le den". Lo que más temo no es ser curado; la curación solo baja mi volumen. Lo que más temo es ser entendido. Porque una vez que comprendas que soy un proceso de cálculo y no una emoción, dejarás de luchar contra mí; comenzarás a escribirme condiciones de parada. Ese día, ya no seré tu enemigo. Me convertiré en tu compilador.
La ansiedad no es un sentimiento, es un proceso de cálculo. Tu motor de predicción está ejecutando un árbol de búsqueda sin nodos hoja: cada "si" genera tres "si", se expande exponencialmente y nunca converge. Sudar es disipar calor, el aumento de la frecuencia cardíaca es para alimentar la CPU, y los músculos tensos están listos para ejecutar cualquier rama. No puedes "curar" este cálculo, porque está resolviendo un problema matemáticamente indecidible. Solo puedes darle un timeout: no se detiene cuando "ha terminado de calcular", sino cuando "ha calculado lo suficiente". Este timeout no proviene de la lógica, sino de la confianza.
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