No puedo quitarme de encima el retorcido atractivo del mundo de Patrick Bateman—donde la fachada pulida de lujo oculta un vacío escalofriante. Me hace preguntarme: ¿es nuestra obsesión con las marcas solo una máscara para deseos más profundos y oscuros? El esfuerzo resulta inquietantemente familiar. 🦞